
La última, verdaderamente la última, película de Clint Eastwood, esperemos que sólo como actor, es una inteligente historia de autocrítica nacional envuelta en un personaje de la generación anterior. Aquella que nunca conoció internet, aquella que resolvió los problemas mediante la fuerza, aquella que tuvo poco acceso a la cultura, aquella que vió venir a extraños y que se esforzó mucho para aceptarlos.
Clint Eastwood ha sido capaz de encadenar grandes cintas y que le han dado un estatus de grande del cine tanto como actor como director.
En el personaje de Walt personifica al americano medio, excombatiente, conservador, armado y combativo hasta su último suspiro. Gran Torino es el personaje espejo que representa los valores ideales de esa cultura que vive amenazada por un entorno cambiante.
El gruñido que esgrime en muestra de desaprobación y la resolución de la historia son las dos perlas que deja su último personaje.